Cuándo amortizar un curso online: la cuenta antes de pagar

Cuándo amortizar un curso online: la cuenta antes de pagar

Llevo años sentándome con gente que tiene el carrito abierto con un curso de 590 euros y la misma duda: «¿esto lo recupero?». Casi nadie hace la cuenta, y son diez minutos. Aquí la tienes entera, con mis números, para saber cuánto tardarías en amortizar un curso online antes de meter la tarjeta.

Qué significa de verdad amortizar un curso online

Amortizar un curso online no es «haber aprendido mucho». Es que lo que te entra por haberlo hecho supere lo que te ha costado, y que ocurra antes de que lo aprendido pierda valor. Son dos condiciones, y la segunda se olvida siempre.

De ahí salen las tres preguntas que le hago a cualquiera antes de pagar: qué vas a poder cobrar o ahorrar que hoy no puedas, cuánto te lo van a pagar y cuántas veces al mes vas a poder hacerlo de verdad. Si la primera no tiene respuesta concreta, no hace falta seguir: eso no es una inversión, es una afición, y las aficiones se pagan sin pedirles retorno.

Hace dos inviernos me senté con Marisa en una cafetería de Prosperidad, con el cortado enfriándose y una hoja del temario doblada en cuatro, subrayada en amarillo hasta el margen. Tiene una peluquería pequeña y quería pagar 590 euros por un curso de gestión de redes sociales para llevar su Instagram y, de paso, el de tres o cuatro negocios del barrio. Le di la vuelta a la hoja y le dije: «Antes de mirar el temario, dime cuánto le vas a cobrar al primer negocio y cuántas horas al mes le vas a dedicar». Tardó menos de un minuto: 180 euros al mes y unas cinco horas. Con eso ya teníamos toda la cuenta.

El precio no es el coste: súmale tus horas

El error de partida es confundir precio con coste. El curso de Marisa traía 24 horas de vídeo, y las horas de vídeo nunca van solas: yo cuento al menos hora y media de práctica por cada hora de pantalla si vas a usar lo que aprendes. Ahí aparecen 36 horas más, 60 en total.

Ponles precio. No hace falta afinar: tu hora vale lo que te pagarían por una hora extra, o lo que pagarías por librarte de la tarea que más odias. Marisa la dejó en 10 euros, que era lo que le costaba tener a alguien barriendo y lavando cabezas. Sesenta horas a 10 euros son 600 euros de tiempo. Sumados a los 590 del precio, el curso costaba 1.190 euros: el doble de lo que ponía en la página de venta.

Hay un segundo multiplicador incómodo. Si de cada cinco cursos que empiezas terminas dos, tu tasa de finalización es del 40 %, y el coste esperado por curso terminado no son 590 euros, sino 590 entre 0,4, o sea 1.475. Pagas cinco para aprovechar dos. No es una reprimenda, es aritmética: mete ese factor y verás que el curso caro que sí vas a terminar sale más barato que los tres baratos que se quedan a medias.

La cuenta de amortizar un curso online, paso a paso

Cinco pasos que caben en una servilleta.

Uno, el coste total. Precio más tus horas. En el caso de Marisa, 590 + 600 = 1.190 euros.

Dos, la unidad de ingreso. La cosa concreta que vas a poder cobrar y que hoy no puedes: llevar las redes de un negocio del barrio, 180 euros al mes.

Tres, el margen de esa unidad. Al ingreso réstale lo que te cuesta producirlo. Cinco horas al mes a 10 euros son 50 euros, así que cada cliente deja 130 euros limpios, no 180.

Cuatro, cuántas unidades. 1.190 entre 130 son 9,15, es decir, diez clientes-mes para estar en paz. Si hicieras esta división con el ingreso bruto te saldrían siete (1.190 entre 180 son 6,6) y te quedarías corto en tres. Esa diferencia es exactamente la que explica el «pensaba que ya lo había recuperado».

Cinco, el plazo. Divide entre los clientes que vas a tener a la vez. Con uno, diez meses. Con dos, cinco. Con tres, poco más de tres meses. Marisa se comprometió a dos y salió del bar con una fecha en lugar de con una ilusión.

Una barra dividida en precio y horas muestra el coste real de un curso online, y una escalera de encargos que cruza una línea marca el punto exacto en el que queda amortizado
A la izquierda, el coste que nadie suma: 590 euros de precio y 600 de tus horas. A la derecha, los clientes: cada peldaño vale 130 euros de margen y hacen falta diez para cruzar la línea.
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El plazo manda: lo que caduca antes de que lo recuperes

Aquí es donde me di yo el golpe. Pagué 1.200 euros por un curso larguísimo sobre una herramienta de automatización, con su cuaderno de capturas pegadas que todavía tengo en el estante y el pegamento haciendo bulto en cada página. A los ocho meses la herramienta cambió de planes y de pantallas, y media docena de módulos se quedaron enseñando botones que ya no existían. Yo necesitaba diez meses para recuperarlo: el activo caducó antes de que llegara.

Por eso a la cuenta hay que ponerle una fecha de caducidad estimada. Si el curso enseña a manejar la pantalla concreta de una herramienta, dale 18 meses y no te confíes. Si enseña a negociar, a escribir para vender, a leer una cuenta de resultados o a preparar una clase, no caduca: esas horas las sigues cobrando dentro de diez años.

La regla que uso desde entonces: el plazo no debería pasar de la mitad de la vida útil de lo que aprendes. Diez meses contra 18 de vida útil ya se sale, porque la mitad de 18 son nueve; diez meses contra tres años, tranquilo.

La trampa del precio por hora de vídeo y la del descuento

La comparación que hace todo el mundo es la peor: dividir el precio entre las horas de contenido. El curso de Marisa salía a 24,58 euros la hora (590 entre 24) y había otro de 149 euros con 10 horas, a 14,90. El barato parecía ganar. Le pregunté qué iba a poder cobrar con el barato y no supo qué contestar: no habilitaba ningún servicio, solo contaba cosas. Un curso que no se convierte en una factura o en un ahorro no se recupera nunca. Las horas de vídeo no son el producto; el producto es lo que puedes hacer el lunes por la mañana.

Y luego, la trampa del descuento, que llega cada noviembre. Un 40 % sobre 590 deja el curso en 354 euros y parece que lo cambia todo. Recalcula: 354 más los mismos 600 euros de tus horas son 954, y 954 entre 130 son 7,34, o sea ocho clientes-mes en vez de diez. El descuento te ahorra dos. No es despreciable, pero no convierte en buena una compra que no salía, porque el grueso del coste son tus horas y esas no las rebaja nadie.

Preguntas frecuentes

¿Y si el curso no me sirve para facturar, sino para ahorrar tiempo? Se cuenta igual, con el ahorro como unidad de ingreso. Si te libra de cuatro horas al mes de una tarea por la que pagas 15 euros la hora, son 60 euros mensuales de margen, y 1.190 entre 60 son casi 20 meses. Sale, pero es un plazo largo: por la regla de la mitad, lo que aprendas tiene que seguir valiendo más de tres años. Y ojo: el ahorro solo cuenta si de verdad dejas de pagarlo o si esas horas las dedicas a algo que cobras.

¿Un curso gratuito se amortiza siempre? No, porque el precio era menos de la mitad del coste. Quítale los 590 euros y te quedan las 60 horas, que a 10 euros son 600. Todavía necesitas cinco clientes-mes (600 entre 130 son 4,62) para que el tiempo invertido te haya salido a cuenta. Un curso gratis mal elegido es caro: lo pagas en horas, y las horas no se devuelven.

¿Cuánto debería costar como máximo para que me salga? Dale la vuelta a la cuenta y te lo dirá ella sola. Si quieres amortizar un curso online en seis meses, multiplica seis por el margen mensual realista (seis por 130 son 780 euros) y réstale tus horas (600): te quedan 180 euros de precio máximo. Con esos supuestos, uno de 590 no sale, y no hay temario que arregle eso. O consigues más clientes a la vez, o pagas menos, o aceptas de antemano que tardarás diez meses.

Puntos clave

  • El coste no es el precio: 590 euros más 60 horas a 10 euros son 1.190 euros.
  • Cuenta con el margen y no con el ingreso: 180 euros menos cinco horas de trabajo dejan 130.
  • Coste entre margen te da las veces que tienes que cobrarlo: 1.190 entre 130 son diez clientes-mes.
  • Ponle fecha de caducidad a lo aprendido y no aceptes un plazo mayor que la mitad de su vida útil.
  • El precio por hora de vídeo no dice nada, y un 40 % de descuento solo te quita dos clientes de la cuenta.
Gonzalo Riquelme

Gonzalo Riquelme

Orientador de formación online y analista de plataformas de aprendizaje

Gonzalo Riquelme es orientador de formación online con más de 10 años analizando plataformas educativas, academias y programas de aprendizaje. Ha comparado decenas de opciones formativas midiendo tiempo hasta la habilidad, coste total y salida real, y ha acompañado a cientos de personas en su reinvención profesional. Defiende que la mejor educación es la que se practica desde el primer día, con comunidad y mentores en activo, y que un certificado sin habilidad detrás es papel mojado.

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